jueves, 10 de junio de 2010

EDUCANDO EN VALORES


Por Sofía Álvarez Oramas

La familia es la primera escuela de valores, en ella los padres transmitimos a nuestros hijos en base a nuestras experiencias previas, con nuestro ejemplo y en un ambiente de amor, los valores que inciden directamente para hacer de nuestros hijos o hijas, personas buenas, íntegras, capaces de vivir aportando con bien a la sociedad.

En un escrito del libro, “La educación de las virtudes humanas”, el autor expone de manera muy acertada: "Creo que a todos los padres de familia les gustaría que sus hijos fueran ordenados, generosos, sinceros, responsables, etcétera. Pero existe mucha diferencia entre un deseo difuso que queda reflejado en la palabra ojalá y un resultado deseado y previsto y alcanzable.

Si la formación de los hijos en las virtudes humanas va a ser algo operativo, los padres tendrán que poner intencionalidad en su desarrollo. Para ello hace falta estar convencido de su importancia. Hay que aprovechar la cotidianidad de la vida en familia, pero se necesita aumentar la intencionalidad respecto del desarrollo y reflexionar sobre dos aspectos: la intensidad con la que se vive y rectitud de los motivos al vivirla".

Actualmente, nos vemos invadidos por la sociedad del bienestar y el consumo, la misma que vende ideas contrarias a los valores. Parecería que la comodidad y el confort se pueden lograr sin trabajo, parecería que apenados por nuestros sentimientos de culpa por el exceso de horas fuera del hogar, darle a los hijos rápido todo lo que piden, darles sólo cosas materiales, para que no lloren o molesten sería lo mejor, presentándose situaciones en las que los hijos o hijas en nuestros hogares presentan una incapacidad alarmante para soportar esfuerzos, ante ello se hace emergente educar en valores, siendo de gran importancia educar en el valor de la perseverancia.

¿Cómo educar en el valor de la perseverancia?

“Se define la acción de perseverar como la constancia en la virtud, perseverar es una cualidad humana, que se pone de manifiesto frente a obstáculos y frustraciones en la persecución de metas y en la adhesión a principios establecidos previamente”.

Esta cualidad se puede educar en el niño desde muy temprano, para ello, es necesario:

1.-Leerles cuentos o fábulas que hablen sobre la perseverancia como “La liebre y la tortuga”.
2.-Dar el ejemplo como padres frente a nuestros hijos con nuestras acciones, en todo momento.
3.-Presentarles el esfuerzo, el valor de la perseverancia como algo valioso y positivo para alcanzar la meta propuesta.
4.-Enseñarles la disposición para vencer las dificultades y constancia para cumplir las tareas propuestas.
5.-Brindarles tareas acordes a su edad para evitar la frustración.
6.-Plantearles metas a corto plazo, concretas, diarias que los padres podamos controlar fácilmente: ponerse a estudiar a una hora fija, dejar la ropa doblada en la noche, acabar lo que se comienza, alzar la lonchera, la mochila, la ropa que usaron, etc.
7.-Las tareas deben implicar un poco de esfuerzo adaptado a sus posibilidades, para que se ganen lo que desean conseguir, conseguir metas difíciles por sí mismos gracias a su esfuerzo los hará sentirse útiles, capaces, seguros, alegres comprendiendo que el que persevera logra lo que desea.
8.-Se debe brindar la ayuda necesaria a través de frases estimuladoras.
9.-Estimular su éxito, por pequeño que sea.

“Algunas veces el fracaso será más eficaz que el éxito en la búsqueda de una voluntad fuerte”

1 comentarios:

Magali Velastegui dijo...

Queri Miss Sofia: Muchas gracias por los consejos que recibimos diarimente, para aprender a ser mejores padres, con estas herramientas que usted nos proporciona estoy segura que nuestros hijos serán hombres y mujeres de bien!!, se que si nos proponemos en enseñarles la perseverancia, el respeto a si mismos y con su projimo, en cosas tan simples como ordenar su ropa o recojer sus juguetes y estudiar a la hora adecuada, estamos alimentando la responsabilidad en sus vidas.

Magali Velastegui Crisitansen

Publicar un comentario en la entrada